Empieza por abajo, no por arriba
Comprueba primero si te vale el plan más barato y solo sube cuando hay un motivo que se puede decir en voz alta. Una página para que te llamen es una Landing, y ahí se queda.
Siete preguntas sobre tu negocio y te digo qué plan encaja, cuánto es el pago inicial y —esto es lo que casi nadie enseña— cuánto pagas el primer año y cuánto el segundo.
No se pide ni un dato tuyo. Ni nombre, ni correo, ni teléfono. El cálculo ocurre dentro de tu navegador y no se envía a ninguna parte. Es una herramienta, no un formulario disfrazado.

Es una estimación con mis tarifas publicadas, no un presupuesto. El presupuesto sale de hablar veinte minutos, va por escrito, es cerrado y dice también lo que no incluye. Si los dos números no coinciden, manda el presupuesto.
Si lo que buscas es entender por qué una web cuesta 400 € o 4.000 € según quién la haga, eso está contado entero en cuánto cuesta una página web, con las bandas del mercado español y las trampas que conviene leer antes de firmar. Esta página no repite aquello: esta te da tu número.
Contesta las siete preguntas de arriba y pulsa el botón. Todo se calcula en tu navegador, así que el resultado aparece al instante y no viaja a ningún sitio.
¿No te aparece nada al pulsar? Entonces tu navegador tiene el JavaScript desactivado y esta herramienta no puede funcionar. No pasa nada: los cuatro planes están publicados con su precio y puedes hacer la cuenta a mano en un minuto.
Una calculadora que sube el precio pase lo que pase no sirve para decidir. Estas son las cuatro reglas con las que está escrita, y se pueden comprobar probándola.
Comprueba primero si te vale el plan más barato y solo sube cuando hay un motivo que se puede decir en voz alta. Una página para que te llamen es una Landing, y ahí se queda.
Con su precio y con el motivo. Si el de abajo te sirve, cógelo: prefiero un cliente contento con 149 € que uno que pagó 1.249 € para usar la mitad.
El pago inicial solo se hace una vez; la cuota se paga siempre. Ver los dos años por separado es lo que evita la sorpresa del mes trece, que es donde se lleva el susto casi todo el mundo.
Una tienda online no tiene precio cerrado publicado, así que no te devuelve ninguno. Y lo que no cubre la estimación te lo dice en una lista, en vez de dejarlo para la factura.
No. Es una estimación hecha con siete respuestas, y un presupuesto sale de una conversación de veinte minutos. El presupuesto va siempre por escrito, es cerrado y dice también lo que NO incluye. Si la estimación y el presupuesto no coinciden, manda el presupuesto.
No hay nada que guardar. El cálculo entero ocurre dentro de tu navegador: no se envía a ningún servidor, no se almacena y no se te pide ni el nombre ni el correo ni el teléfono. Si al final quieres hablar conmigo, el botón de WhatsApp abre la conversación con el resultado escrito y lo envías tú, o no lo envías.
Porque a veces es el que encaja. Si necesitas una página para que te llamen, la respuesta es el plan Landing y no hay más que hablar. Una calculadora que siempre sale cara no sirve para decidir, sirve para vender, y entonces no la usa nadie ni la enlaza nadie.
Porque no la tiene. Una tienda de 20 productos y una de 2.000 no se parecen en nada: cambian el catálogo, los impuestos, los gastos de envío y las conexiones con tu facturación. Inventarte un número que luego no se sostiene sería peor que no dártelo.
No. Igual que en la página de precios, todas las cifras van sin IVA porque trabajo con empresas y autónomos, que se lo deducen. En la factura se suma el IVA que corresponda.
Los cuatro planes están publicados con lo que entra y lo que no entra en cada uno, más los niveles de mantenimiento y los extras. Sin llamar a nadie.