Wix o web a medida para un autónomo: la cuenta a tres años
La discusión no es «plataforma mala, web a medida buena». Es una cuenta de multiplicar que casi nadie hace: cuánto suma una cuota al cabo de tres años y qué te llevas puesto si un día te cambias.

Cuando un autónomo me pregunta si le compensa Wix, casi siempre espera que yo le diga que no. Es lo normal: vivo de hacer webs a medida, así que la respuesta parece cantada.
Pero la pregunta no se contesta con una opinión, se contesta con una cuenta. Y la cuenta tiene tres partes que conviene separar, porque mezclarlas es lo que hace que la gente elija mal: lo que pagas cada mes, lo que es tuyo y lo que pasa el día que te quieres ir.
Los dos modelos de cobro, dichos en claro
Una plataforma tipo Wix funciona como el gimnasio: pagas una cuota y mientras pagas, tienes. Esa cuota incluye el alojamiento, el editor para tocar la web tú mismo, las actualizaciones y el soporte. El día que dejas de pagar, la web deja de estar visible. No es una trampa, es el trato, y está escrito.
Una web a medida funciona como la reforma del local: pagas una vez por hacerla y luego pagas algo mucho más pequeño por mantenerla en pie. Ese algo más pequeño —el mantenimiento— es lo que cubre que la web siga encendida, con copias, con el certificado de seguridad al día y con alguien al teléfono cuando algo falla.
No voy a publicar aquí lo que cuesta Wix. Sus tarifas cambian, varían según el país, según si pagas por meses o por año y según la promoción que tengas activa, y una cifra copiada de un blog te vale de poco. Mira tu factura, o su página de precios si todavía no eres cliente, y quédate con un número: lo que te cuesta un mes.
La cuenta a tres años
Tres años no es un plazo caprichoso. Es más o menos lo que aguanta una web antes de que apetezca renovarla, así que es el periodo justo para comparar.
Coge tu cuota mensual y multiplícala por 36. Busca tu fila:
| Si tu cuota mensual es… | En tres años habrás pagado |
|---|---|
| 10 € | 360 € |
| 15 € | 540 € |
| 20 € | 720 € |
| 25 € | 900 € |
| 30 € | 1.080 € |
Al total de tu fila súmale el dominio, que en un .es suele ir de 10 a 15 € al año lo
compres donde lo compres, y súmale lo que pagues por extras que no vayan incluidos en tu
plan.
Ahora el otro lado. Los precios de mis planes están en la página de precios y son públicos, así que la cuenta la puedes rehacer tú:
| Plan | Pago único | Mantenimiento | Total a 3 años | Equivale a… |
|---|---|---|---|---|
| Landing (149 €) | 149 € | 29 €/mes | 1.193 € | 33 € al mes |
| Esencial (649 €) | 649 € | 29 €/mes | 1.693 € | 47 € al mes |
| Profesional (1.249 €) | 1.249 € | 29 €/mes | 2.293 € | 64 € al mes |
Son precios sin IVA, igual que los de la página.
Y aquí está el resultado incómodo para mí: a tres años, una plataforma barata sale más barata. No un poco: bastante. Si tu cuota es de 15 € y la comparas con los 1.693 € del plan Esencial, la diferencia pasa de mil euros. Quien te diga lo contrario está haciendo trampas con los números.
Lo que cambia la cuenta no es el precio. Es lo que hay debajo.
Lo que esa diferencia compra (y lo que no)
La diferencia de precio no paga «un diseño más bonito». Paga cuatro cosas concretas, y si ninguna te hace falta, no la pagues.
Tiempo tuyo. Montarte una web en una plataforma es sencillo, pero no es rápido. Entre elegir plantilla, pelearte con los textos, buscar fotos y dejarlo presentable se van varios fines de semana. Si tu hora facturable vale 40 €, cuenta cuántas horas le vas a meter y súmalas a la columna de la plataforma. A veces esa suma sola da la vuelta al resultado.
Que Google entienda a qué te dedicas. Las plataformas modernas no penalizan: una web hecha en Wix se posiciona. Lo que no hace la plataforma por ti es decidir que tienes que tener una página por cada servicio que vendes, escribir esas páginas con las palabras que usa tu cliente y no las que usas tú, y enlazarlas entre sí con cabeza. Eso no es una función, es trabajo, y lo hace alguien o no lo hace nadie.
Que alguien responda. El soporte de una plataforma te explica cómo funciona su editor. No te llama en agosto para decirte que tu formulario lleva tres días sin enviar correos, porque no es su trabajo enterarse.
Textos que no ha escrito una plantilla. El «somos una empresa joven y dinámica comprometida con la excelencia» está en diez mil webs. Tu cliente lo ha leído ya y no significa nada para él.
El dominio: lo único que no se rehace
Aquí sí me pongo pesado, porque es lo que más disgustos da.
El dominio se puede registrar dentro de la propia plataforma o fuera, en un registrador independiente, y luego apuntarlo a donde quieras. Regístralo fuera. Cuesta lo mismo y te ahorra el único trámite que puede salir caro.
Motivo: el diseño se rehace, los textos se reescriben y las fotos se vuelven a sacar, pero
tuempresa.es está en tus tarjetas, en la furgoneta, en la ficha de Google y en los enlaces
que otras webs te han ido poniendo durante años. Si un día cambias de sitio y el dominio se
queda atrás, empiezas de cero en Google. Te lo cuento entero en
de quién es el dominio de tu web, con cómo
comprobar en dos minutos quién figura como titular.
Qué pasa si te quieres ir
Esta es la parte que no aparece en ninguna comparativa y es la que de verdad decide.
De una plataforma te llevas tu dominio y te llevas tus contenidos —los textos los puedes copiar, las fotos las puedes descargar— pero no te llevas la web. El diseño, la estructura y el funcionamiento viven dentro de esa plataforma y no salen de ahí. Cambiar de plataforma es rehacer la web.
De una web a medida te llevas los ficheros y se pueden mover a otro alojamiento y a otro proveedor. Ojo, que esto tampoco es automático: depende de con quién la hayas hecho. Hay quien entrega el código y los accesos, y hay quien no. Pregúntalo antes de firmar, no después, y que te lo digan por escrito.
Dicho de otra forma: con la plataforma alquilas, con la web a medida compras. Ninguna de las dos es mejor en abstracto. Alquilar está muy bien cuando no sabes cuánto tiempo te vas a quedar.
Cuándo Wix es la opción correcta
Lo digo con todas las letras, aunque me cueste una venta:
- Si estás empezando y aún no sabes si el negocio va a funcionar. Gastarte cientos de euros en una web para una actividad que a lo mejor no llega a seis meses es tirar el dinero. Monta algo digno por una cuota pequeña, valídalo, y ya rehacemos.
- Si lo que necesitas es una tarjeta de visita. Nombre, qué haces, teléfono, horario y dónde estás. Si ahí acaba tu necesidad, una plataforma la cubre de sobra.
- Si te gusta tocarlo tú y tienes tiempo. Hay gente a la que esto le entretiene. Si eres de esos, disfrútalo, y no pagues por que lo haga otro.
- Si el presupuesto de verdad no da. Una web mediocre publicada rinde infinitamente más que una web excelente que no llegaste a encargar. Empieza por donde puedas.
En esos cuatro casos, adelante. Regístrate el dominio aparte y a funcionar.
Cuándo la cuenta se da la vuelta
La web a medida empieza a compensar cuando aparece alguna de estas tres:
Vives de que te encuentren en Google. Si buena parte de tus clientes salen de una búsqueda, cada servicio necesita su propia página trabajada. Ahí el trabajo pesa más que la herramienta, y ese trabajo hay que pagarlo lo montes donde lo montes.
Tu web tiene que hacer algo, no solo contar algo. Presupuestos, reservas, un área privada, el registro de jornada de tus empleados, una conexión con tu programa de gestión. En cuanto hay funcionamiento por medio, la plantilla se queda corta.
No tienes tiempo y lo sabes. Si llevas dos años diciendo «este mes me pongo con la web», el problema no es el precio de la herramienta.
Si tu caso está en esta segunda lista, mira el coste real de una web frente a lo que te deja un cliente nuevo: esa división contesta sola.
Haz la cuenta con tu cuota y con tu fila antes de decidir nada. Si te sale que la plataforma te vale, quédate en la plataforma y no te sientas mal. Y si te sale que no, los precios y lo que lleva cada plan están aquí, con el presupuesto cerrado por escrito antes de empezar.
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