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EstrategiaDominios·6 min de lectura

Diez preguntas que hacerle a quien te vaya a hacer la web

Una web se encarga una vez cada muchos años, así que nadie tiene práctica preguntando. Estas diez preguntas se hacen en una llamada y te ahorran los disgustos que llegan al tercer año.

Encargar una web es de esas compras que se hacen una vez cada muchos años. Nadie tiene práctica. Y como nadie tiene práctica, casi todas las conversaciones van del mismo sitio: se habla de colores, de cuántas páginas y del precio, y no se habla de nada de lo que luego da problemas.

Los problemas llegan después, y siempre son los mismos tres: no puedes entrar a tu propia web, no puedes llevártela, o cada cambio de teléfono se convierte en un presupuesto.

Estas diez preguntas se hacen en una sola llamada. Ninguna es una trampa ni requiere que sepas nada de informática. Lo que importa no es solo la respuesta: es la cara que pone quien la contesta.

1. ¿A nombre de quién va a quedar el dominio?

Es la primera por algo. El dominio es lo único de tu web que no se puede rehacer: está en tus tarjetas, en la furgoneta, en tu correo y en los enlaces que otros te han ido poniendo durante años. El diseño se cambia, los textos se reescriben, el dominio no.

Por qué importa: si el titular registrado no eres tú, el día que quieras cambiar de proveedor no te llevas tu dirección. Te llevas la opción de empezar de cero.

Qué te debería alarmar: «ya te lo gestionamos nosotros, no te preocupes». Eso no es una respuesta. La respuesta buena es tu nombre o el de tu empresa y tu NIF o CIF, y se puede comprobar. Te explico cómo hacerlo en este artículo sobre la titularidad del dominio.

2. ¿Me vais a entregar todos los accesos?

No uno: todos. El panel donde está registrado el dominio, el del alojamiento, el del gestor de contenidos y el de las herramientas de Google que se den de alta por el camino.

Por qué importa: los accesos son la diferencia entre tener una web y tener una web prestada. Sin ellos no puedes cambiar de proveedor, ni contratar a alguien para una urgencia un viernes por la tarde, ni recuperar nada si tu proveedor cierra.

Qué te debería alarmar: «te damos acceso al panel de edición». Ese es el de escribir textos, y está bien tenerlo, pero no es el que manda. También: «por seguridad los accesos los llevamos nosotros». La seguridad se resuelve con contraseñas buenas, no quitándote la llave de tu casa.

3. Si un día me voy, ¿qué me llevo?

Pregúntalo tal cual, sin rodeos, aunque estés empezando y suene raro.

Por qué importa: hay dos modelos y conviene saber cuál estás comprando. En uno pagas una web que es tuya y vive en un alojamiento que puedes cambiar. En el otro pagas por usar una plataforma: mientras pagas, funciona; cuando dejas de pagar, desaparece. El segundo no es ilegítimo, pero es un alquiler, y el precio hay que juzgarlo sabiéndolo.

Qué te debería alarmar: que no haya una respuesta clara, o que la respuesta sea «es que esto no se puede exportar». Si tus textos y tus fotos no se pueden descargar, no son tuyos en la práctica.

4. ¿Qué incluye el precio exactamente y qué se factura aparte?

Que te lo pongan por escrito, línea a línea: diseño, número de páginas, dominio, alojamiento, correo, formulario, textos legales, puesta en marcha.

Por qué importa: casi ningún conflicto con un proveedor nace de un precio alto. Nace de un precio que parecía cerrado y no lo estaba.

Qué te debería alarmar: un presupuesto de tres líneas con una cifra grande abajo. Y también lo contrario: una lista interminable de partidas pequeñas sin decir cuál es el total del primer año. Pide siempre el total del primer año y el total del segundo, que casi nunca son parecidos.

5. ¿Qué cubre la cuota mensual y qué no?

Si hay mantenimiento, tiene que tener contenido concreto. Alojamiento, copias de seguridad, actualizaciones, certificado de seguridad, y cuántos cambios de texto o foto entran al mes.

Por qué importa: «mantenimiento» es la palabra más elástica del sector. Puede significar que alguien revisa tu web cada semana, o puede significar que el servidor sigue encendido.

Qué te debería alarmar: que no sepan decirte qué pasa si un martes necesitas cambiar un horario. Si la respuesta es «eso lo miramos», lo vas a mirar tú cada vez que te haga falta.

6. ¿Quién escribe los textos y quién pone las fotos?

Es la pregunta que más plazos salva y la que casi nunca se hace.

Por qué importa: en la mayoría de proyectos que se atascan, el diseño está listo y lo que falta son los textos del cliente. Si nadie ha dicho quién los escribe, los escribes tú, en tus ratos libres, con prisa y de mala gana.

Qué te debería alarmar: silencio, o un «tú nos pasas la información». «La información» no es un entregable. Que te digan exactamente qué necesitan de ti y en qué formato. Y si los textos los redactan ellos, que quede claro si está incluido o se factura.

7. ¿De qué depende el plazo, y qué pasa si el que se retrasa soy yo?

Por qué importa: casi todos los retrasos son de ida y vuelta. El proveedor espera material, tú esperas una versión para revisar, y entre medias pasan semanas que nadie contabiliza.

Qué te debería alarmar: una fecha cerrada dicha por teléfono sin preguntarte nada. Quien te promete una fecha sin saber si tienes fotos y textos preparados te está diciendo lo que quieres oír. La respuesta honesta empieza por «depende de cuándo me des X».

8. Después de publicar, ¿cuántos cambios entran y qué cuesta el siguiente?

Por qué importa: una web no se termina el día que se publica. Cambian los precios, los horarios, el equipo, los servicios. Si cada cambio es una negociación, dejarás de hacerlos y tu web irá envejeciendo con los datos viejos puestos.

Qué te debería alarmar: «los cambios los cobramos por horas» sin decirte el precio de la hora ni el mínimo. Y también que te digan que no hay límite de cambios, porque eso no se sostiene en ningún negocio y acabará siendo que sí lo hay, solo que sin escribir.

Aviso legal, política de privacidad, política de cookies, el banner de cookies y el consentimiento del formulario de contacto.

Por qué importa: la responsabilidad de que esos textos estén y sean correctos es del titular de la web, o sea, tuya. No de quien la programó.

Qué te debería alarmar: «eso ya lo ponemos nosotros» sin más detalle, o unos textos legales copiados de otra web con el nombre cambiado. Se nota enseguida: si el aviso legal menciona servicios que tú no prestas, está copiado.

10. ¿Puedo ver tres webs vuestras que lleven un año publicadas?

No un porfolio de capturas bonitas: tres direcciones reales que pueda abrir hoy.

Por qué importa: una web recién entregada siempre está bien. Lo que dice la verdad es cómo está un año después: si los horarios siguen puestos, si hay contenido actualizado, si el formulario funciona. Y si además puedes llamar a uno de esos clientes, mejor todavía.

Qué te debería alarmar: que solo te enseñen imágenes de diseño y no direcciones. O que las tres direcciones sean webs que ya no existen.

Una última cosa

Ninguna de estas preguntas es hostil. Un proveedor que trabaja bien las contesta encantado, porque son justo las que le diferencian de quien no lo hace. Si al hacerlas notas incomodidad, esa incomodidad ya es información.

Y si estás recogiendo presupuestos, hazle las diez a todos. No para elegir al más barato, sino para comparar cosas que se puedan comparar.

Puedes ver qué incluye cada uno de mis servicios, con las diez respuestas puestas por escrito antes de que me las preguntes.

¿Te ha surgido una duda leyendo esto?

Te la contesto por teléfono sin compromiso. Soy Juan Francisco, y al teléfono estoy yo.

Cada día comento en X novedades de IA y trucos para la web de tu negocio.Sígueme en @hagotuweb_es

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